Un chaval se para frente a otro, se estrechan la mano y cada
uno se marcha por su lado, la acción no ha durado ni diez segundos. En otro
lugar de la misma ciudad un puñado de chavales le está dando una paliza a otro
probablemente por un problema de pagos, racial o simplemente para darle una
lección. En la misma ciudad, Una abuelita está observando tranquilamente
escaparates para regalarle algo a su nieto cuando un chavalín, que apenas puede
con su propio peso, le arrebata el bolso y se marcha corriendo.
Creo que está claro, en la entrada de este mes voy a exponer
mi opinión sobre las drogas y la violencia en nuestra sociedad.
En los años 80, después del franquismo, se respira en España
un aire de libertad. Una de esas brisas de aire lleva consigo las drogas: una
sociedad en reciente estado democrático abrió nuevas puertas de expresión y el
uso de las drogas, como la heroína, pegó demasiado fuerte en una sociedad que
todavía no estaba preparada para un salto tan grande.
El cine reflejó de una forma sincera y maravillosa estos
problemas de nuestra sociedad a través del cine quinqui (Carlos Saura, Eloy de
la Iglesia), donde una serie de jóvenes de los suburbios de las grandes
ciudades se dedicaban a robar todo lo que pudiesen con tal de adquirir la
próxima dosis.
Dicen que esa época se asemeja a la nuestra; crisis
económica, una tasa de paro alarmante, robos y consumo indecente de sustancias.
Pero yo en realidad no creo que esa etapa sea parecida a la nuestra, y la gran
diferencia es la ignorancia; los que
se drogaban en aquella época era para sentirse libres y porque carecían de
información suficiente para saber lo dañino que era. Nosotros, en cambio, no
somos ignorantes, sabemos perfectamente
donde nos estamos metiendo. Y si estamos en ello es por nuestras
inseguridades, para desahogarnos o simplemente para tirarnos la fiesta.
Yo creo que nuestra sociedad está más cerca del cine
norteamericano de finales de los 80 y principios de los 90 de la mano de Spike Lee
(Aulas turbulentas, Haz lo que debas) y James Singleton (Los chicos del barrio,
Semillas de rencor): una sociedad que está transformándose debido a la llegada
masiva de extranjeros (coreanos, italianos y latinos). Una nueva droga cambia
el juego, el crack, y con ella llega las pandillas, llega la lucha por las
esquinas y las bandas rivales, llega la
violencia.
La sociedad española está pasando por una etapa de
transición al igual que aquella USA. Durante los últimos 10 años hemos visto
como latinos, africanos, rusos, rumanos y marroquíes buscaban nuevas y mejores
oportunidades en nuestro país. Y con ello no ha llegado una etapa de
prosperidad y amabilidad sino que ha provocado racismo y violencia. Siempre me
ha hecho gracia la típica frase de ignorante “si no tenemos ni para nosotros
como vamos a tener para esos cerdos”
A parte del tema racial que ha conllevado a la violencia,
creo que en cuanto al tema de las drogas El Club de la lucha lo refleja
perfectamente (una de mis películas favoritas)
Quizás estemos en una crisis fuerte, quizás estemos viviendo
un antes y un después pero nuestra guerra no es esa, nuestra guerra es una guerra espiritual: la televisión nos ha
convencido de que viviremos como dioses, nos ha convencido de que conduciremos
un Ferrari y tendremos una rubia despampanante de pierna larga a nuestro lado.
Pero en realidad estas ilusiones nunca las cumpliremos y nos hemos convertido
en esclavos de la sociedad capitalista. Y es entonces cuando nuestros demonios
se apoderan de nosotros, es entonces cuando
hablamos en condicional- habría podido ser, y si hubiera hecho esto, podría
tener esto…- y nos damos cuenta de que a nuestra vida le falta algo, empezamos
a consumir drogas para divertirnos, luego para desahogarnos y luego ya porque
no podemos vivir sin ellas.
Lo que más me llama la atención es la facilidad con la que se puede adquirir; un chaval de 14 años, para
hacerse el chulo delante de sus colegas, pilla porros con suma facilidad al
mulero del barrio. Y eso te hace pensar: quizás el gobierno o alguna
institución está sacando tajada con el asunto. Ellos se lavan las manos
haciendo constantes redadas, a lo que llaman ellos “la guerra de la droga”,
pero no se puede llamar guerra si estás en el mismo bando que ella.
Te hace pensar en los intereses que hay detrás, ¿por qué no legalizar las drogas blandas?:
a la gente le gusta lo prohibido y esas es una de las principales razones por
las que se empieza a consumir. Cuanto
más prohíbes más se consume, está comprobado. Nunca se ha consumido más
alcohol en Norteamérica que en los años 20 con la ley seca. De esa época nace la
mafia como la conocemos hoy en día con personajes de la importancia de Arnold
Rothstein, Lucky Luciano o, un poco más tarde, Al Capone.
Sinceramente, yo no
estoy aquí para dar lecciones de moral sobre el tema pero creo que tengo una
visión suficientemente objetiva para hablar de ello. Es nuestra incertidumbre
ante el futuro, ante lo que nos rodea, lo que nos hace vulnerables y detrás hay
una mafia que se aprovecha de nuestras debilidades, de nuestros vicios.
Quizás alguno piense que estoy exagerando pero en realidad
sucede constantemente lo que pasa que no
sale en la prensa. Pasa tan a menudo de una forma tan efímera que los
medios de comunicación lo ignora e incluso existe cierto interés en no mostrarlo.
Ellos están ocupados con el mundial de fútbol, el nuevo rey y mil programas de
cotilleo para entretener a las abuelitas.
Algo falla cuando estamos rodeados por una sociedad que valora antes la apatía que el esfuerzo, una
sociedad que valora más el dinero fácil que el trabajado. Porque es muy fácil abonarse
a los vicios pero muy difícil luchar por tus objetivos.
Con esa idea hemos crecido y muchos se la han creído:
Estamos en nuestro grupo de colegas intentando ser los más gallos del corral, y
nos peleamos con otros gallos solo para demostrar nuestra estupidez. Somos racistas,
nos creemos superiores a los extranjeros (y ellos también), no soportamos que
se tiren a nuestras mujeres o que vayan con aires de superioridad en nuestras
tierras. Y si de paso entre tanta fiesta y tanta pelea hay droga de por medio
más que mejor.
Esas fobias y manías han provocado en nosotros ignorancia;
ya no nos sentimos culpables por lo que hacemos, nos sentimos superiores con
nuestros desvaríos pero en realidad la
ignorancia provoca maldad y la maldad conlleva a la violencia. La ignorancia es la madre de la violencia.
Debemos ser respetuosos y educados con el mundo que nos
rodea, debemos cuidar nuestros barrios e intentar alejarnos de las drogas y la
violencia que solo engendran maldad. Si no lo conseguimos, dentro de poco esto
va a explotar y todo el rencor guardado va a acabar en contra de nosotros.
Por mi parte no pienso dejar que esta sociedad acabe
conmigo, no pienso volver a entrar en un áurea de vicios quiero descubrir mundo
y encontrar mi propia voz. Quiero ser la mejor persona que pueda llegar a ser y
solo con esfuerzo y educación lo conseguiré.



