Las luces de las farolas acaban de encenderse, la noche
acaba de empezar pero tú y tus amigos ya os habéis bebido todo el alcohol de la
tasca. Vais por la calle zigzagueando, asustando a todo aquel que pasa por la
misma cera, creyéndoos superiores, felices ante la ignorancia y pretenciosos
ante vuestra mermada inteligencia. Hasta que de repente, te encuentras con ella
y se te viene el mundo encima:
Porque es muy fácil ir borracho y soltar mil groserías a
chicas desconocidas pero qué difícil es hablar de forma sincera ante la chica
que desgarra tú corazón. Intentas mantener la compostura, intentas hablar
correctamente delante de ella aunque a penas pronuncias bien los monosílabos.
Pero ella es más lista que tú y sabe perfectamente en qué
estado te encuentras, así que te habla de forma que a la mañana siguiente te
acuerdes de lo que te ha dicho, a pesar de tu resaca y tus muertas neuronas. Te
ha comentado que se va; que necesita probarse ante nuevos retos y nuevas
culturas. Necesita conocer mundo, necesita vivir nuevas aventuras y rodearse de
gente interesante y culta.
Es entonces cuando empiezas a preguntarte mil cuestiones sin
respuesta: ¿Dónde me equivoqué?, ¿en qué momento la perdí?…es entonces cuando
te das cuentas de que en el fondo de tus entrañas tienes la respuesta pero es demasiado
duro como para sacarlo a la luz.
Te conviertes en un payaso triste y piensas que el whisky
barato del supermercado esconde las soluciones a tus problemas. Te imaginas que
ella está contemplando unas hermosas vistas de la ciudad dónde esté apoyada en la ventana de su
hotel, u observando los prados desde el tren. Un tren que cada día se aleja más
de ti, un tren que no volverá.
Una noche te levantas de la cama, contemplas el amanecer y
te das cuenta de que no puedes seguir así, algo tiene que cambiar: Es hora de
encerrar a tus demonios y que tus continuos fallos pasados den lugar a numerosos
éxitos futuros. Ha llegado la hora de salir de las sombras.
Te preparas para un mundo nuevo observando el horizonte, un horizonte lleno de dudas y miedos.
Coges el tren deseoso de que el destino hablé por ti y en la próxima estación te
encuentres con ella: Os vayáis de la estación y en el primer bar de la esquina
os apoyéis con vuestro whisky en la barra del bar, os miréis a los ojos y os
contéis lo que un día no os atrevisteis a decir.
