domingo, 22 de diciembre de 2013

LA PUTA DE MI VECINA

La puta de mi vecina

Mi vecina de enfrente nunca se caracterizo por ser una chica silenciosa ni poco llamativa sino más bien todo lo contrario: un físico espectacular con un pecho excesivo, un culo dominante y unas curvas prodigiosas. Su personalidad iba acorde a su llamativo cuerpo; una visión alocada de la vida, más de mil hombres vi entrar en su piso, más de mil botellas vacías se acumulaban en su humilde hogar.

Siempre efusiva al hablar, encantadora en sus palabras y una mirada intrigante que daban ganas de devorarla. No es el tipo de chica de la que te enamoras, es el tipo de chica que despierta en los hombres un apetito sexual insaciable, pero nada más.
Como yo, pensaban igual los mil hombres con los se acostó, y alguna que otra mujer también se dejó caer en su cama

Su padre siempre la tuvo en palmitas, quiso hacer de ella una chica remilgada y cultural algo que nunca consiguió. En una cena navideña, con toda la familia en la mesa y unas cuantas copas encima, confesó toda sus aventuras y todos sus vicios; participó en orgías, bukakes, actos lésbicos, practicó besos negros, gargantas profundas…e incluso confesó que le gustaba que los hombres se colocaran hasta las trancas de coca en su cuerpo desnudo. Aquella excesiva sinceridad provocó en el padre la mayor de las decepciones y jamás volvió a llamarla.

Una chica que empezó a chupar pollas a los 13 años algún defecto debería tener, y sí lo tenía, su constante menosprecio a sí misma y su obsesiva dependencia: necesitaba el abrazo constante de un hombre, necesitaba que la piropearan. Le gustaba que la dieran falsas esperanzas, le gustaba que la dijeran falsos te quieros con tal de follarsela.

Tenía obsesión por el estereotipo macarra, pensaba que era un tipo de chico seguro y que con ellos nunca tendría ningún problema pero se equivocó: uno de ellos se obsesionó con ella, una noche fue a visitarla por sorpresa y la pilló en la cama con otro tío. El macarra sacó su navaja y le destrozó la cara al otro, y aprovechó para violar a nuestra protagonista y darla un par de puñetazos en su precioso cuerpo.
Aquel día mi vecina empezó a valorarse y no miró atrás. 

Ahora solo se la chupa a su marido, un empresario que trabaja duro para comprarle todo los caprichos que ella quiere. Cuida de sus 2 hijos y ha retomado sus estudios de enfermería. Mi ex vecina no ha vuelto nunca más a pisar el barrio.
A mí me volvía loco; yo era quien le animaba cuando lloraba alicaída por otros hombres, yo era quien la cuidaba en sus resacas y vomitonas. Sin embargo a mí nunca me la chupó ni quiso nada conmigo. Visto desde este punto puedo parecer un pringado pagafantas pero quiero pensar que yo era el único hombre que realmente la respetaba.


*No es una historia machista. Siempre he mantenido un profundo respeto hacia las mujeres. He escrito esta historia porque me gusta analizar sus encantadores defectos y sus grandiosas virtudes. Si no hubiese una mujer en nuestra vida no habría motivos para levantarse todos los días.

sábado, 7 de diciembre de 2013

RICHARD CORY

Parece que fue ayer cuando Cory formaba parte de nuestra pandilla, era sin duda el chico más ambicioso y audaz que conocimos.

Richard Cory era extremadamente inteligente, a su lado parecíamos simples conejillos de indias. Era guapo, con porte imperial, me sentía el patito feo ante su presencia. Pero no solo le bastaba con ser inteligente y guapo también era tremendamente simpático y amable, da igual que tuviera prisa el siempre saludaba y si tenias un problema el siempre intentaba ayudar.

Ante todo su mayor rasgo era su ambición: no le bastaba con ser el primero de la clase, tenía que sacar lo máximo, cuando no lo hacía daba vueltas en su cabeza y no abría la boca en todo el día. Mientras nosotros hacíamos pellas  y fumábamos a escondidas, el se quedaba en clase exprimiendo cada neurona, debía estar atento porque por la tarde no tenía tiempo para estudiar, tenía que hacer mil cosas y todas las hacía con suma facilidad. Incluso cuando jugábamos pachangas de fútbol en el barrio lo daba todo, no se conformaba con jugar y pasarlo bien, tenía que marcar, quería que se notara su presencia en todo lo que hacía.

Nosotros discutíamos sobre quién será el próximo balón de oro, Cory hablaba de la bolsa y la economía mundial. Mientras nosotros nos levantábamos resacosos los sábados por la mañana, Cory corría 5 km y acudía a  conferencias de personalidades importantes en el mundo de las finanzas.

La madre de Cory estaba sorprendida ante la actitud de su hijo; Cory venía de una familia de obreros de lo más normal y la verdad no entendía muy bien los principios de Cory.

Cory llegó tan lejos como se atrevió a soñar, abandonó el barrio y se fue a Nueva York, allí vivió un cuento de hadas; mujeres se tumbaban desnudas en su cama, coches deportivos se aglomeraban en su parking. No obedecía ante nadie, era su  propio jefe, probó a ser Dios y le funcionó.

Pero incluso los cuentos de hadas ocultan una trama oscura…Richard Cory tenía absolutamente todo excepto una premisa sin la cual estaba perdido: amor. Se dio cuenta de que estaba solo. Sí, mucha gente a su alrededor pero solo estaban con él por su cuenta corriente. Nunca se enamoró de ninguna porque sabía que ellas no se enamoraban de él precisamente. Así que empezó a darle a la bebida y perdió la ilusión, aquella ilusión que le sirvió para salir del barrio.



Una noche de verano, Richard Cory contemplaba Nueva York desde su azotea bebiendo Jack Daniels. De repente unas melancólicas lágrimas brotaron por sus ojos, los recuerdos de sus años en el barrio se le acumularon y se preguntó qué sería de nosotros, qué sería de su familia que no ha visto desde hace 10 años. Echaba de menos jugar a la videoconsola con nosotros. Echaba de menos a Carolina, su novia de los 15 años. Echaba de menos cuando su madre le gritaba por la ventana que la cena ya estaba en la mesa,  mientras él jugaba al fútbol en la pista.

Nosotros seguíamos en el barrio, seguíamos hablando del balón de oro y seguíamos jugando pachangas. Tuvimos hijos y llegábamos justos a fin de mes. Pero aún así estábamos unidos y sonreíamos.
Cory salía en los periódicos y conocíamos perfectamente sus hazañas. Envidiábamos su riqueza, su dominio de lenguas, sus mujeres, sus coches, sus trajes Gucci...apenas nos daba para dar de comer y vestir dignamente a nuestros hijos, seguíamos en el mismo barrio que poco a poco se iba pudriendo. Nos preguntábamos cómo era posible que aquella persona sumamente perfecta hubiese compartido un pasado con unas personas tan vulnerables como nosotros. Daríamos lo que fuese por vivir aquella vida.


Mientras le envidiábamos, aquella jodida noche de verano, ante la mirada del Empire State, Richard Cory cogió su Glock y se pegó un tiro en la cabeza.

*Me he inspirado en mi poema favorito de mismo nombre escrito por Edwin Arlington Robinson. Os recomiendo encarecidamente su lectura. A mi  me desgarra cada vez que lo leo.

domingo, 17 de noviembre de 2013

EL DÍA QUE DEJAMOS DE SOÑAR

“Es difícil alcanzar la madurez, no todos la consiguen, tampoco es una cuestión de edad pero a pesar de tú juventud ya lo has logrado. Te acompañará siempre y con ella lograrás todo lo que te propongas” esta frase que parece sacada de una película de Rocky no me la he inventado, ni siquiera la he sacado de una película, me lo dijo un profesor cuando tenía 12 años:

Parece totalmente exagerado pero por aquella época no lo era tanto; sacaba las mejores notas, era un atleta nato, tenía una fuerte personalidad y siempre me preocupaba de mis amigos. Desde hace 3 años (momento en el que cambie por completo) esa frase no deja de taladrarme la cabeza día tras día, y le echo todas las culpas al profesor-¿Cómo le pudiste decir eso a un niño de 12 años?, ¿cómo te atreviste a darle falsas esperanzas?, no existe día en que no me lo pregunte.

Comparo mis sueños y actitudes con mi yo presente con el yo pasado y no hay color; antes tenía ambición, tenía valor, tenía buen corazón… es decir, perdí mi esencia y cuando una persona pierde su esencia no para de dar tumbos, no para de sentirse perdido.

Siempre soñé con dedicarme al mundo del entretenimiento, siempre soñé con contar historias, escribir la novela de la década o dirigir la película que trastocara las emociones, quise ser la voz de una generación. Quise rodearme de oro y embriagarme de mujeres preciosas.

Me miro ahora y pienso lo imbécil que era antes, cómo pensaba que podría llegar tan lejos, cómo es posible que tuviera todas esas ilusiones. Por aquel entonces no me parecía una idea utópica pero desde aquel día mi visión del mundo cambió para que aquella persona que solía ser no volviera jamás: Desde aquel día no voy al barrio a pasar el rato con mis amigos, voy al barrio a drogarme por las noches. Desde aquel día no corro por gusto, corro para que no me pillen los de azul. Desde aquel día no estudio para ser alguien importante, estudio para no tener que ponerme a currar. Desde aquel día no te cojo de la mano y te digo cosas bonitas, desde aquel día ahogo mis penas en la tasca mientras te llamo zorra. Desde aquel día no ahorro dinero, me lo gasto en vicios. Desde aquel día mi madre no me mira ilusionada, me mira decepcionada y acongojada. Desde aquel día no soy feliz, soy desdichado.

Sin embargo pienso que no soy el único al que le ha pasado, todo mi entorno se ha dado de cruces con la cruda realidad, esa realidad de la que no podemos escapar; me acuerdo de aquella chica con su melena rubia y su sonrisa resplandeciente, ahora se pasa día enteros con el rímel esparcido producto de sus llantos. Me acuerdo de mi amigo que pudo ser futbolista y ahora se pasa noches jugando al futbolín y fumando maría. Me acuerdo de aquel chico de mi clase que quería ser arquitecto, ahora construye casas en los Sims, y me acuerdo de mi amiga que quiso ser psicóloga pero es ella quien se pasa todo el día en el loquero.
Es curioso, ellos también un día dejaron de soñar y empezaron a darse cuenta de sus defectos y a desarrollar sus vicios, perdieron su esencia. Nuestra sociedad de corruptos les impidió avanzar, sus miedos les echaron para atrás, la baja autoestima les impidió volar.

El día que dejamos de soñar no solo nos cambia la perspectiva desde un punto de vista profesional, también nos cambia toda nuestra forma de ser, incluso en temas amorosos:

Yo siempre he sido muy enamoradizo y confieso que las mujeres son posiblemente mi mayor debilidad. Me acuerdo que una vez me declaré a una chica tal que así:

“Antes de conocerte, solo quería ser una persona normal y corriente, recibir un sueldo normal, casarme con una chica ni fea ni guapa y tener un hijo. Entonces jugar con él al baloncesto y ver los partidos de fútbol en casa con mis amigos mientras tomamos unas cervezas, pasarme los días aburridos y no tener preocupaciones, después moriría joven antes que mi mujer. Ese es el tipo de vida que quería antes de conocerte…ahora me he complicado mucho más, quiero una vida mucho más complicada a tu lado, quiero que tú seas mi complicación”


De esta forma tan ñoña me declaré, obviamente ella  me rechazó. Todo lo que la escribí era mentira, yo no deseaba aquella vida solo lo hice porque quedaba bien. Pero ahora lo vuelvo a leer y pienso que ojala yo tuviera esa vida… lo que quiero decir es que el día que dejas de soñar tus ambiciones disminuyen, ves de frente la realidad y te acojonas. También el día que dejas de soñar sientes miedo del qué dirán y no te atreves a nada, ni a contestar en clase por miedo a fallar, ni a preguntar por cosas que te interesan por miedo a la ignorancia, ni a abrir tus sentimientos por miedo al rechazo...te vuelves frío.

El miedo es el principal motivo por el que dejamos de soñar y desde ese día el miedo es tu compañero de fatigas; tengo miedo de dar un paso adelante y ver que no todo es como me imaginaba, me debato entre hacer lo correcto o ser capaz de cometer mis propios errores, entre fingir ser una persona feliz o intentar seguir mi propio camino.

Hay una parte de mi que quiere seguir siendo mediocre, quiere seguir teniendo está vida de borracheras y apalancadas. Esa parte de mi quiere acomodarse, sin embargo la otra parte quiere volar, quiere atreverse a salir del nido y piensa que a lo mejor no soy tan mediocre, que a lo mejor algo de talento corre por mis adentros.


Mis sueños se han ido, no volverán y ni mucho menos se cumplirán. Pero sé que si lo acepto definitivamente y miro a los ojos a la realidad, empezaré a trabajar, empezaré a luchar, empezaré a tener mi propia voz y ese será el día que seré feliz.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Summer: la chica de mis sueños

Summer  tiene una larga melena rubia que parece no tener fin como su belleza, con unas pequeñas extensiones rosas que reflejan su alocada visión. Tiene unos ojos verdes muy iluminados, perfectos para poder apreciar el cielo a través de su mirada, unas pequeñas pecas muy llamativas que reflejan su inocente y divertida personalidad. Tiene unos labios carnosos que hacen que quiera devorarla. Una nariz pequeñita y redondita igual de tierna que ella. Es menuda, excesivamente blanca pero con unas curvas y unas tetas dominantes.

Es coqueta, le gusta ser el centro de atención y no hace falta que hable mucho para ello, tiene presencia; una sonrisa que ilumina el lugar, una mirada penetrante llena de vida, suele hablar de forma emotiva como si de lo que estuviese tratando fuese lo más increíble del mundo y siempre se comporta como le gusta, no le importa lo que piensen de ella aunque sean cosas positivas, no se las cree.

A decir verdad no sé qué vio en mí, ella dice que soy gracioso e inteligente pero los dos sabemos que eso es mentira. Summer fue el motivo por el que volví a sonreír, fue el motivo por el que soy feliz como cuando tenía 12 años y pensaba que estaba tocando el cielo.

Ella es mi felicidad pero a la vez es mi desdicha; es tanta su magnitud que me siento incómodo, tengo miedo a no ser lo suficiente y eso ha hecho que cometa errores. La he decepcionado en varias ocasiones. Me ha preguntado si valió la pena las cosas que hice, me ha preguntado si realmente este es el camino que quiero escoger.

Summer está harta de mí: no soporta mis continuas visitas a la barra del bar, no se explica por qué tengo que ahogar  penas todos los fines de semana, unas penas que ni siquiera tengo. Lo que ella no sabe es que bebo por inseguridad porque no me creo que ella esté conmigo, no me creo que haya alguien que se preocupe por mí. Summer está harta de mis amigos; no entiende por qué estoy rodeado de un aura de vicio y apalancamiento. Summer está harta de que me pase tardes enteras jugando a la videoconsola con los colegas y no haya cogido ninguna de sus 7 llamadas. Summer está harta de mi miedo a volar, de mi miedo a la aventura, de no atreverme a salir del nido y vivir nuevas experiencias y rodearme de gente más enriquecedora. Summer está harta de mis fuertes apuestas, no se explica cómo puedo gastar tanto dinero en juegos del azar. Yo lo que intento es que algún día pueda vivir como una princesa y que yo sea el motivo de sus suspiros.

Recientemente Summer me ha dejado, era lo normal, la situación era insostenible para ella. Lo comprendo, fui un payaso que no la ha visto más gorda en su vida. Ahora está con un chico remilgado que la lleva en su flamante coche a donde ella quiera en vez de esperar el bus conmigo a 5 grados en la calle, van al cine en vez de a la tasca, le regala bombones en vez de vomitonas, habla  de política en vez de futbolistas, cuando sale tiene conversaciones con gente de lo más interesante en vez de peleas, juega al tenis en vez de al mentiroso…seguramente serán felices y comerán perdices.

Bueno, en realidad Summer no existe, es producto de mi imaginación. En realidad Summer es el nombre que le pongo a mis defectos, es el nombre que le pongo a la chica de mis sueños no de mi realidad. No estoy buscando a mi Summer particular, aunque tampoco sé muy bien qué es lo que busco.


Quizás todos busquemos a nuestra Summer pero no la encontramos, quizás todos queremos asentar la cabeza pero nunca lo haremos o quizás solo sean paranoias de un mal escritor y peor amante.

domingo, 29 de septiembre de 2013

The Wire; Una carta de desamor al sueño americano


El desamor te cambia la perspectiva, te vuelve frío, desganado y sin ningún tipo de autoestima. Los personajes de The Wire en cierto modo reflejan en sus rostros ese desamor, no por alguien sino  por el concepto más buscado en el mundo; el sueño americano.

En las sucias calles de Baltimore sus habitantes se sienten frustrados y desconfiados, miran a la zona alta con desprecio sabiendo que ellos nunca podrán salir de allí, la sociedad americana decidió seguir adelante sin ellos, decidió dejar  atrás aquella parte de la sociedad que podría suponer una mala imagen hacia el estilo de vida americano.

Sí, The Wire no es más que una serie pero refleja tan bien esa parte marginada de la sociedad que piensas que eres tú mismo el que lo está viviendo. En The Wire nos encontramos con drogadictos, nos encontramos con traficantes de medio pelo y gánsters  dispuestos a todo por mantener su territorio, nos encontramos con políticos corruptos, abogados deshonestos y policías alcohólicos.


 Es cierto que no podemos comparar el nivel delictivo  estadounidense con el español, sin embargo yo también he visto el dolor en los ojos de aquel que decidió abonarse a las drogas dejando atrás una familia desestructurada y sin esperanzas. Yo también he visto la ambición por el poder en los ojos del corrupto, también he presenciado agresiones policiales sin sentido, también he presenciado palizas callejeras por ningún motivo y también me las he visto con profesores amargados que no creen en el sistema y pasan su vida esperando a la jubilación. No estamos tan bien, tenemos un problema de raíz importante que llega a la enseñanza y se ve reflejada en los barrios bajos, quizás por eso me siento tan identificado con la serie.

The Wire no tiene un final feliz ni tampoco esperanzador, la serie se despide con tristeza y con suspense sabiendo lo imposible que resulta acabar con el mundo de las drogas (“A esto no le puedes llamar guerra, las guerras acaban”), The Wire quiere reflejar esa dualidad de los dos mundos, la dualidad entre buenos y malos aunque en realidad en la serie no existen ni buenos ni malos, todos los personajes en The Wire luchan por ir más allá, todos luchan por ese sueño americano, cada uno utiliza sus métodos para conseguirlo pero ninguno lo consigue porque se dan de lleno contra el sistema, un sistema manipulado y desleal, un sistema liderado por des competentes, un sistema alejado de sus principios.


Jimmy Mcnulty es un policía tocapelotas que sigue creyendo en el trabajo policial en una ciudad que perdió la esperanza hace tiempo. Jimmy se enfrenta a todos con tal de llevar el caso adelante. Con esta definición se podría decir que Jimmy es un héroe, pero no lo es. Se trata de un alcohólico que nunca superó la separación de su mujer y que intenta aliviar sus penas todas las noches con una botella y su compañero Bunk. Jimmy es arrogante y ególatra (“El problema de Jimmy es el propio Jimmy”)


Uno de los mejores personajes de la historia de la televisión es Omar, Omar es el Robin Hood moderno; roba a traficantes para dárselo a los pobres y nunca se mete con alguien que no esté metido en el juego (“Un hombre debe tener un código”), se rige por un código ético que nunca traspasa, es su dualidad moral lo que le hace tan interesante. Pero no nos engallemos Omar es un asesino, el piensa que limpia las calles pero realmente está ayudando a sembrar el pánico en los suburbios.


Dentro de los bajos fondos nos encontramos con una pareja que reinó durante años en las calles de Baltimore: Avon Barksdale y Stringer Bell. Avon es de la vieja escuela, de los del respeto y de los de la familia, si le faltas al respeto te matará, si te metes con su familia te matará. Se ha criado en la calle y esa es su naturaleza, no ambiciona nada más que ganar dinero y quedarse en su barrio, Avon aún sigue creyendo en el estilo de la vieja escuela(“Just a Gansta  I supose”). Ese pensamiento choca con su compañero de fatigas, Stringer Bell: alguien que quiere dejar atrás las barriadas y ambiciona poder social, todo el respeto lo consiguió gracias a la droga y al apoyo de Avon. Pero el ya está cansado de ello y quiere ascender, quiere cambiar el sistema y pagará un precio demasiado alto por intentarlo (“Ya no tenemos por qué soñar”). La escena de la doble traición entre estos dos personajes la firmaría el mismísimo Shakespeare.


Por último el personaje más inquietante de la historia de la televisión para mi gusto: Marlo Stanfield, un chaval salido del barrio que poco a poco va ascendiendo hasta conseguir que toda Baltimore tiemble ante su presencia. Es un personaje Maquiavélico, no le importa las consecuencias, mata a sangre fría y no respeta a nadie ni siquiera a los que confiaron en él. Sus sicarios, Snoop y Chris, matan por puro placer sabiendo que nadie se atreverá a decir algo. Marlo se aprovechó de la crisis de los Barksdale para dar un golpe sobre la mesa. Mientras que los Barksdale representaban los valores de la vieja escuela, Marlo representa los de la nueva, una nueva escuela que no tiene respeto por nada. Marlo consiguió su objetivo, riqueza, respeto y temor. Marlo consiguió su ansiada corona (“My name is my name”)

The Wire es una carta de desamor al sueño americano, personas que se sienten engañadas por falsas promesas. The Wire nos lleva al mundo donde los sueños no se cumplen y nos hace pensar que en realidad no somos tan listos y guapos como pensamos. Toda la serie es una denuncia social muy bien reflejada y contada con tintes Dickensianos e incluso Shakesperianos.


Nos ha hecho ver lo ególatras que somos, solo pensamos en lo nuestro y no vemos lo que se  nos viene encima que en realidad no estamos bien y que hay que luchar por lo que creemos. Debemos tener un código y una motivación por intentar vivir nuestro propio sueño americano.


miércoles, 14 de agosto de 2013

EL ÚLTIMO TRAGO


El último trago
Llega el finde, estás harto de la semana, harto de estar con gente que no conectas y harto de estar haciendo algo que no te gusta.

 Te vas con los tuyos al barrio, el viernes por la noche te desfasas, haces el gilipollas y buscas algo que nunca encuentras. El sábado se repite la misma situación, depende de la que te hayas cogido el viernes, la borrachera del sábado va a ser más o menos tranquila, pero en realidad la situación es similar.
Llega el domingo, te molesta parpadear, te molesta la luz, el ruido del ordenador , te molesta absolutamente todo, y te juras a ti mismo que eso no volverá a ocurrir, que beberás de forma tranquila. Pero el siguiente finde lo vuelves hacer y el otro y el otro… parece que a la enésima borrachera te empiezas a darte cuenta de tu deterioro físico.

El próximo finde vas a quedar con tus colegas, no piensas beber , quieres estar de relax y echar unas risas pero de repente y de forma sorprendente resulta que ha venido a la fiesta la chica que te gusta y claro eso te desbarata todos tus planes: Empiezas a beber para soltarte un poco e intentar hacerla reír pero resulta que te excedes como en los viejos tiempos y empiezas a decir chorradas y la situación se vuelve embarazosa, ella se larga, has perdido la escasa oportunidad que tenías. Y claro no lo has conseguido así que para aliviar penas bebes unos cuántos chupitos y empiezas a compadecerte de ti mismo pero en realidad es una triste excusa porque si la hubieses llevado al huerto también beberías para celebrarlo.

Se acerca el verano y las fiestas se te empiezan a acumular, has aprobado todas y ese es un motivo para celebrarlo así que te coges la cogorza del año… bueno da igual si has suspendido todas porque estás hasta los cojones y también te la coges.

Después te vienen las fiestas del barrio, las fiestas de la ciudad, las fiestas del pueblo... y tú tienes que estar a la altura de las circunstancias; empiezas de relax con una caña, pero ya te has calentado así que te coges una de Ballantine’s,  tus colegas te dicen que no bebas tan rápido pero tú ya no eres objetivo con tus actos y antes de lo que piensas la botella está vacía y te gastas todo el dinero en el garrafón de la barra, pero ¡qué coño si todavía te queda dinero! así que invitas a la peña y así quedas de puta madre. Se acabó la noche, estás tiradísimo en un banco esperando el bus o lo que sea,  te has desfasado tanto que la gente no se ha divertido contigo sino que se ha reído de ti a la puta cara y para colmo no te queda un puto duro en la cartera, rebuscas por los bolsillos como 10 veces y nada de nada.

Todavía sigue el verano y tú ya bebes todos los días ya casi ni pones excusas para hacerlo. “Hostias hoy hace un día de puta madre, vamos a tomarnos una caña”, esa es la peor de las excusas, si dices esa ya estás enganchado definitivamente.

Se está acabando el verano y has engordado como 5  kilos, estás rayadísimo no has hecho nada productivo en esos 3 meses. Tu falta de autoestima te hace pensar que no vales para nada, que esta será  tu vida para siempre,  así que te dejas de rayar la cabeza y te fumas unos cuántos canutos, te apalancas en el sofá o en el banco y empiezas a reírte por cosas insignificantes.

 Tus colegas quieren que pases a mayores , que te pierdas por la tocha pero tú todavía sigues teniendo un código  y no quieres hacerlo , ya bastante haces con tus borracheras y fumadas. Has quedado mal  y no solo con ellos sino también con tus otros colegas  que no entienden por qué te pasas todo el día colocado con los ojos rojos.

 Para colmo te encuentras con la chica que te gustaba, aquella que pasó de ti hace unos meses cuando no decías más de tonterías producto de tu tajada, y empieza a decirte que has cambiado que ya no eres inteligente que has perdido carisma e incluso tu forma de hablar es distinta, además la muy calientapollas te da indicios de qué a lo mejor en un pasado podrías haber tenido algo con ella.

Y tú eso ya no lo aguantas más, está a punto de empezar el curso y tú te coges una borrachera legendaria por el fin del verano y para aliviar tus penas. Te has prometido que ese día es el día del último trago, ahora empezarás el curso y te involucraras en él 100%, buscarás nuevas experiencias y conocimientos, dejarás de lado el barrio y saldrás por sitios que jamás pensaste que ibas a parar, buscarás estabilidad y ¿por qué no? una chica que saque lo mejor de ti…pero tú y yo sabemos que eso no ocurrirá, tu y yo sabemos que seguirás aliviando tus falsas penas, tu y yo sabemos que seguirás haciendo el gilipollas, tu y yo sabemos que ese último trago es mentira, tu y yo sabemos que tu falta de autoestima  te impedirá volar y salir del nido, te impedirá salir del pozo.


Ese demonio que tienes en tú interior te acompañará toda la vida pero tienes que ser fuerte y enterrarle en lo más profundo de tus entrañas tienes que ser fuerte para  dar un paso adelante y decir: “Sí, este es realmente mi último trago”