La puta de mi vecina
Mi vecina de enfrente nunca se caracterizo por ser una chica
silenciosa ni poco llamativa sino más bien todo lo contrario: un físico
espectacular con un pecho excesivo, un
culo dominante y unas curvas prodigiosas. Su personalidad iba acorde a su
llamativo cuerpo; una visión alocada
de la vida, más de mil hombres vi entrar en su piso, más de mil botellas vacías
se acumulaban en su humilde hogar.
Siempre efusiva
al hablar, encantadora en sus palabras y una mirada intrigante que daban ganas
de devorarla. No es el tipo de chica de la que te enamoras, es el tipo de chica
que despierta en los hombres un apetito sexual insaciable, pero nada más.
Como yo, pensaban igual los mil hombres con los se acostó, y
alguna que otra mujer también se dejó caer en su cama
Su padre siempre la tuvo en palmitas, quiso hacer de ella
una chica remilgada y cultural algo que nunca consiguió. En una cena navideña, con
toda la familia en la mesa y unas cuantas copas encima, confesó toda sus aventuras y todos sus vicios; participó en orgías,
bukakes, actos lésbicos, practicó besos negros, gargantas profundas…e incluso
confesó que le gustaba que los hombres se colocaran hasta las trancas de coca
en su cuerpo desnudo. Aquella excesiva sinceridad provocó en el padre la mayor
de las decepciones y jamás volvió a llamarla.
Una chica que empezó a chupar pollas a los 13 años algún
defecto debería tener, y sí lo tenía, su constante menosprecio a sí misma y su obsesiva
dependencia: necesitaba el abrazo constante de un hombre, necesitaba que la
piropearan. Le gustaba que la dieran falsas esperanzas, le gustaba que la
dijeran falsos te quieros con tal de follarsela.
Tenía obsesión por el estereotipo macarra, pensaba que era un
tipo de chico seguro y que con ellos nunca tendría ningún problema pero se equivocó: uno de ellos se
obsesionó con ella, una noche fue a visitarla por sorpresa y la pilló en la
cama con otro tío. El macarra sacó su navaja y le destrozó la cara al otro, y
aprovechó para violar a nuestra protagonista y darla un par de puñetazos en su
precioso cuerpo.
Aquel día mi vecina empezó
a valorarse y no miró atrás.
Ahora solo se la chupa a su marido, un empresario
que trabaja duro para comprarle todo los caprichos que ella quiere. Cuida de
sus 2 hijos y ha retomado sus estudios de enfermería. Mi ex vecina no ha vuelto nunca más a pisar el barrio.
A mí me volvía loco;
yo era quien le animaba cuando lloraba alicaída por otros hombres, yo era quien
la cuidaba en sus resacas y vomitonas. Sin embargo a mí nunca me la chupó ni
quiso nada conmigo. Visto desde este punto puedo parecer un pringado pagafantas
pero quiero pensar que yo era el único hombre que realmente la respetaba.
*No es una historia machista. Siempre he mantenido un profundo
respeto hacia las mujeres. He escrito esta historia porque me gusta analizar
sus encantadores defectos y sus grandiosas virtudes. Si no hubiese una mujer en
nuestra vida no habría motivos para levantarse todos los días.







