*SPOILERS
Con el paso del tiempo las comedias televisivas van
perdiendo originalidad, van tirando de los mismos clichés y se apoyan en el
personaje que más carisma tenga para explotarle hasta que roce lo ridículo.
Cuando eso sucede las comedias empiezan a tener tintes dramáticos para explorar
nuevos caminos y dar paso a otras tramas. Sin embargo HIMYM ha ido más allá y
en las últimas temporadas se ha convertido en un drama vestido de comedia.
Se suele decir que la comedia se alimenta del drama, tengo
una teoría al respecto; cuando una comedia introduce elementos dramáticos, la
comedia será mejor cuando más creíbles sean esos momentos dramáticos, y creo
que nunca una serie lo ha hecho mejor que Scrubs en este aspecto. HIMYM no le
incluyó en este apartado porque simplemente pasó de comedia a drama.
Las tres primeras temporadas de la serie fueron
espectaculares: un uso brillante de los flashbacks y los flashfowards, una voz
en off emocionante, una introducción de los personajes sumamente hilarante…pero
ante todo la figura de Barney Stinson, quizás el personaje cómico más popular
de la última década.
En esas tres temporadas vimos a un Ted Mosby chispeante y
enamorado, coherentemente, de Robin. Vimos la extensión de la pareja perfecta
entre Lilly y Marshall, a pesar de su separación demostraron que era la pareja
más tierna de la televisión. Además fuimos testigos directos de los legendarios
líos de falda de nuestro querido Barney. Aquel Barney aparte de ser nuestro
ídolo mantenía una actitud misteriosa hacia su vida que te hacía intrigarte más
por él y, en su defecto, por la serie.
Sin embargo todo lo que sube acaba bajando y la
cuarta-quinta temporada de la serie fueron un auténtico desastre: se perdió la
chispa y los personajes se convirtieron en caricaturas desmesuradas de sí
mismas; Un Ted apenado y desesperado después de ser abandonado en el altar. Una
Robin incoherente buscando trabajo y un Barney demasiado alocado y sin chispa.
Quizás se deba a este bajón de calidad cuando Bays y Thomas
decidieron tomar nuevos caminos convirtiendo la serie en más drama que comedia.
De la sexta a la octava la serie tuvo más momentos
dramáticos que cómicos y aún así fueron tres temporadas que me gustaron. En ese
proceso la relación Barney-Robin cobro protagonismo y nos acabó por gustar, así
que mucho me temo que debido a ese cariño el final de la serie no gustó a la
mayoría.
Seamos sinceros, la novena temporada ha sido horrible,
incluso rozando el vomito. Se ha querido recuperar los tintes cómicos
originales con un acierto nulo. La narración de una temporada entera en solo
tres días no se aguantaba por ningún lado y la mayoría ha sonado forzado (el
personaje de Marshall ha rozado el ridículo). Solo 5 episodios se salvan de
esta temporada y todos ellos por su carácter dramático, no cómico.
Los tres últimos episodios de la serie me han parecido
preciosos exceptuando los últimos 2 minutos finales; me parecieron una estafa
como si toda la serie hubiese sido una mentira, nueve temporadas destruidas en
tan solo 2 minutos.
En primer lugar no me gustó que el matrimonio de Barney y
Robin acabara tan rápido y de esa manera tan distante. Sin embargo me encantó
el giro que Barney sufre cuando coge en brazos por primera vez a su hijo (desconocemos
quién es la madre), ya era hora de que Barney asentara la cabeza.
Por otra parte no me gustó nada que Bays y Thomas se
cargaran a su propia criatura, se cargaran a la mujer de Ted, él merecía ser
feliz con Tracy hasta el final y no acabar desesperadamente con Robin años
después.
Perdonadme pero es aquí donde me voy a poner ñoño: todos
tenemos una Robin en nuestra vida. Robin representa ese amor de juventud que siempre
estará en nuestro corazón pero en el fondo sabemos que no se trata del amor de
nuestra vida. Robin es un amor platónico, no es un amor real. Robin es un amor
idealizado, no se corresponde con la realidad porque en el fondo es un amor que
nos hace sufrir más de la cuenta. Por ese motivo discrepó con el final de la
serie.
El final perfecto hubiese sido cuando acaban Ted y Tracy
conversando en la estación. Además de ser un final precioso, concordaría con el
título de la serie.
Tracy es el amor de nuestras vidas, es ese amor que te hace
ser mejor persona y creer que puedes volar. El amor entre Ted y Tracy es un
amor puro y honesto, se trata de un amor real.
A pesar de su agridulce final y de sus constantes subidas y
bajadas, HIMYM ocupará un pequeño trozo de mi corazón seriéfilo. Sonará obvio
pero lo que busco en una comedia es que me haga reír y lo que busco de un drama
es que me haga pensar, y ambas condiciones ha cumplido HIMYM.
HIMYM, por un momento, pudo entrar en el Olimpo de las
series pero su descenso de calidad la reveló a un segundo plano. Aún así va a
ser una serie recordada durante muchos años.
HIMYM me ha hecho creer en el destino, me ha hecho creer que
no ocurre nada bueno después de las 2 de la madrugada, me ha hecho creer en “el
efecto animadora”, me ha hecho creer en los cucarratones, me ha hecho creer en
la amistad pero sobre todo me ha hecho creer que mi futura señora Mosby está
ahí fuera esperándome en una intensa lluvia tapándose con un paraguas amarillo.




