“Eres
obsesivo. Te encanta montarte pelis en la cabeza. Te encanta ser el chico bueno
que intenta ser malo pero ya no eres un crío. ¿Qué te crees que no me han
contado tus historias?, ¿tus borracheras?, ¿tus movidas? yo no quiero que un
día me llegues a casa con una puñalada. Yo no puedo estar con alguien cuyo
mayor enemigo sea él mismo, además estoy cansada de que siempre me hagas
llorar. No quiero volver a verte”
Esta es la
única escena, las únicas palabras, que recuerda nuestro protagonista de la
noche anterior mientras abre los ojos observando el techo de su cuarto. Un
repentino dolor de cabeza consigue levantarlo. Se toma un paracetamol en la
cocina mientras observa desde la ventana a unos niños jugando al fútbol en el
vecindario. “Ya tendréis vosotros una buena resaca, ya” Piensa mientras se toma
el enésimo vaso de agua.
Se dirige al
baño a mear pero antes de sacarse el pene mira hacia la izquierda y sus ojos se
intrigan: en el espejo se aprecia que tiene una herida en el pómulo derecho.
Intrigado por la situación saca su móvil del pantalón que llevaba puesto
anoche. Un pantalón que tiene varios desperfectos, síntomas de una pelea
callejera.
Mira el
WhatsApp: más de 500 mensajes en 10 conversaciones diferentes, algunos de ellos
procedentes de números desconocidos preguntándole por su estado. Se fija en los
mensajes que escribió a varios grupos pero es incapaz de sacar nada en claro;
todos los mensajes que había escrito eran inteligibles. Mira las conversaciones
una por una y ninguna le saca de dudas.
Parece
preocupado por los acontecimientos de anoche pero en realidad en lo único que
está pensando es en las palabras de aquella chica, lo único que recuerda de la
noche.
Con la
excusa de comprar el pan sale de casa para despejarse. Camina lento, le molesta
el más mínimo ruido y tiene la extraña sensación de que todo el mundo le
observa. Antes de entrar a la panadería
abre la cartera y se da cuenta de que no tiene un maldito duro, ni un triste
euro. La cartera solo contiene una tarjeta de bus, una entrada de cine, un
condón medio abierto y una nota: “¿mereció la pena?” es lo que estaba escrito
en aquella nota. No tiene ni la más remota idea de quién pudo escribirlo aunque
parecía la letra de una chica.
Cansado de
darle vueltas a la cabeza se pone a ver Movida
del 76 (Dazed and confused). El personaje de Wooderson, interpretado por
Matthew McConaughey, suelta una pequeña reflexión sobre su estilo de vida; “eso
es lo que me gusta de las chicas de instituto, yo me hago más viejo y ellas
siguen igual”. Esta frase conlleva las risas de sus colegas, al final de la
escena le pregunta a uno de ellos; “¿nos colocamos?”
En cierto
modo esta reflexión hace pensar a nuestro protagonista sobre su propio estilo
de vida. Sobre todas esas historias que no llegaron a tener un comienzo. Sobre
todas esas veces que debieron ser un no en vez de un sí. Sobre todas esas borracheras
en tascas de mala muerte. Sobre todas las veces que se sintió perdido.
De repente
le vienen flashbacks de la noche y se convence de que la chica, que le destrozó
el corazón la noche anterior, fue quién escribió aquella nota. Decide ir a
pedirla disculpas. Por el camino improvisa un monólogo lleno de mentiras sobre
que él en realidad no es así; que nunca se mete en problemas, que nunca se pasa
con la bebida, que no es el chico bueno que va con malos…que todo aquello,
simplemente, fue un desliz.
Finalmente
llega a casa de la chica, dispuesto a soltar todas esas mentiras, pero mientras
cruza la calle observa como ella se va en su coche. Se la nota cabreada;
conduce de forma brusca, su rostro es sumamente serio y su mirada solo se fija
en el horizonte como si no hubiese marcha atrás. Ella le ha visto a él por el
retrovisor pero, en esta historia, ella no va a parar, ella ya ha decidido
seguir adelante
El chico,
parado en medio de la carretera, sigue contemplando cómo ella se marcha, los
rayos del sol hacen que cierre los ojos y cuando los abre ella ya no está, se ha
ido para siempre. Mientras tanto, se da cuenta que todas aquellas mentiras, que
estaba dispuesto a soltar hace dos minutos, deberían convertirse en verdades.
Ya era hora
de dejar atrás todas las malas compañías, las borracheras, los problemas y las
inseguridades. Aquella chica estaba dispuesta a entregarse a él pero se dio cuenta
que a estas alturas de su vida lo que menos necesitaba era vivir un drama con
un chico que lo único que le importaba era el dinero que le quedaba para
pimplarse otra botella de whisky.
Seguro que
esa chica, de preciosa melena morena, encuentra un chico que la haga feliz,
pueda conocer mundo y tener mil divertidas aventuras a la altura de su
extrovertida personalidad, sus bonitos ojos verdes y de su sincera sonrisa.
Por otra
parte no sabemos qué será de él: dice que ha cambiado la botella por la escritura,
sus compañías por la consola y sus inseguridades por la disciplina. Sin embargo
no es la primera vez que nos lo dice, ya ha recaído un par de veces.
Probablemente
sigamos teniendo noticias de él y muchas de ellas, nos tememos, que serán
negativas. Serán noticias relacionadas con sus vicios y, sinceramente, ya
estamos cansados de ver cómo echa su vida por la borda. Solo él puede enterrar
a sus demonios pero eso solo ocurrirá cuando empiece a ser fuerte, solo
ocurrirá cuando sé sincere consigo mismo y sea capaz de contestar a la
pregunta; ¿mereció la pena?
