domingo, 15 de febrero de 2015

¿Mereció la pena?


“Eres obsesivo. Te encanta montarte pelis en la cabeza. Te encanta ser el chico bueno que intenta ser malo pero ya no eres un crío. ¿Qué te crees que no me han contado tus historias?, ¿tus borracheras?, ¿tus movidas? yo no quiero que un día me llegues a casa con una puñalada. Yo no puedo estar con alguien cuyo mayor enemigo sea él mismo, además estoy cansada de que siempre me hagas llorar. No quiero volver a verte”

Esta es la única escena, las únicas palabras, que recuerda nuestro protagonista de la noche anterior mientras abre los ojos observando el techo de su cuarto. Un repentino dolor de cabeza consigue levantarlo. Se toma un paracetamol en la cocina mientras observa desde la ventana a unos niños jugando al fútbol en el vecindario. “Ya tendréis vosotros una buena resaca, ya” Piensa mientras se toma el enésimo vaso de agua.

Se dirige al baño a mear pero antes de sacarse el pene mira hacia la izquierda y sus ojos se intrigan: en el espejo se aprecia que tiene una herida en el pómulo derecho. Intrigado por la situación saca su móvil del pantalón que llevaba puesto anoche. Un pantalón que tiene varios desperfectos, síntomas de una pelea callejera.

Mira el WhatsApp: más de 500 mensajes en 10 conversaciones diferentes, algunos de ellos procedentes de números desconocidos preguntándole por su estado. Se fija en los mensajes que escribió a varios grupos pero es incapaz de sacar nada en claro; todos los mensajes que había escrito eran inteligibles. Mira las conversaciones una por una y ninguna le saca de dudas.

Parece preocupado por los acontecimientos de anoche pero en realidad en lo único que está pensando es en las palabras de aquella chica, lo único que recuerda de la noche.

Con la excusa de comprar el pan sale de casa para despejarse. Camina lento, le molesta el más mínimo ruido y tiene la extraña sensación de que todo el mundo le observa. Antes de entrar a  la panadería abre la cartera y se da cuenta de que no tiene un maldito duro, ni un triste euro. La cartera solo contiene una tarjeta de bus, una entrada de cine, un condón medio abierto y una nota: “¿mereció la pena?” es lo que estaba escrito en aquella nota. No tiene ni la más remota idea de quién pudo escribirlo aunque parecía la letra de una chica.

Cansado de darle vueltas a la cabeza se pone a ver Movida del 76 (Dazed and confused). El personaje de Wooderson, interpretado por Matthew McConaughey, suelta una pequeña reflexión sobre su estilo de vida; “eso es lo que me gusta de las chicas de instituto, yo me hago más viejo y ellas siguen igual”. Esta frase conlleva las risas de sus colegas, al final de la escena le pregunta a uno de ellos; “¿nos colocamos?”
En cierto modo esta reflexión hace pensar a nuestro protagonista sobre su propio estilo de vida. Sobre todas esas historias que no llegaron a tener un comienzo. Sobre todas esas veces que debieron ser un no en vez de un sí. Sobre todas esas borracheras en tascas de mala muerte. Sobre todas las veces que se sintió perdido.

De repente le vienen flashbacks de la noche y se convence de que la chica, que le destrozó el corazón la noche anterior, fue quién escribió aquella nota. Decide ir a pedirla disculpas. Por el camino improvisa un monólogo lleno de mentiras sobre que él en realidad no es así; que nunca se mete en problemas, que nunca se pasa con la bebida, que no es el chico bueno que va con malos…que todo aquello, simplemente, fue un desliz.
Finalmente llega a casa de la chica, dispuesto a soltar todas esas mentiras, pero mientras cruza la calle observa como ella se va en su coche. Se la nota cabreada; conduce de forma brusca, su rostro es sumamente serio y su mirada solo se fija en el horizonte como si no hubiese marcha atrás. Ella le ha visto a él por el retrovisor pero, en esta historia, ella no va a parar, ella ya ha decidido seguir adelante

El chico, parado en medio de la carretera, sigue contemplando cómo ella se marcha, los rayos del sol hacen que cierre los ojos y cuando los abre ella ya no está, se ha ido para siempre. Mientras tanto, se da cuenta que todas aquellas mentiras, que estaba dispuesto a soltar hace dos minutos, deberían convertirse en verdades.
Ya era hora de dejar atrás todas las malas compañías, las borracheras, los problemas y las inseguridades. Aquella chica estaba dispuesta a entregarse a él pero se dio cuenta que a estas alturas de su vida lo que menos necesitaba era vivir un drama con un chico que lo único que le importaba era el dinero que le quedaba para pimplarse otra botella de whisky.

Seguro que esa chica, de preciosa melena morena, encuentra un chico que la haga feliz, pueda conocer mundo y tener mil divertidas aventuras a la altura de su extrovertida personalidad, sus bonitos ojos verdes y de su sincera sonrisa.
Por otra parte no sabemos qué será de él: dice que ha cambiado la botella por la escritura, sus compañías por la consola y sus inseguridades por la disciplina. Sin embargo no es la primera vez que nos lo dice, ya ha recaído un par de veces.

Probablemente sigamos teniendo noticias de él y muchas de ellas, nos tememos, que serán negativas. Serán noticias relacionadas con sus vicios y, sinceramente, ya estamos cansados de ver cómo echa su vida por la borda. Solo él puede enterrar a sus demonios pero eso solo ocurrirá cuando empiece a ser fuerte, solo ocurrirá cuando sé sincere consigo mismo y sea capaz de contestar a la pregunta; ¿mereció la pena?


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