El desamor te cambia la perspectiva, te vuelve frío,
desganado y sin ningún tipo de autoestima. Los personajes de The Wire en cierto
modo reflejan en sus rostros ese desamor, no por alguien sino por el concepto más buscado en el mundo; el
sueño americano.
En las sucias calles de Baltimore sus habitantes se sienten
frustrados y desconfiados, miran a la zona alta con desprecio sabiendo que
ellos nunca podrán salir de allí, la sociedad americana decidió seguir adelante
sin ellos, decidió dejar atrás aquella parte
de la sociedad que podría suponer una mala imagen hacia el estilo de vida
americano.
Sí, The Wire no es más que una serie pero refleja tan bien
esa parte marginada de la sociedad que piensas que eres tú mismo el que lo está
viviendo. En The Wire nos encontramos con drogadictos, nos encontramos con
traficantes de medio pelo y gánsters
dispuestos a todo por mantener su territorio, nos encontramos con
políticos corruptos, abogados deshonestos y policías alcohólicos.
Es cierto que no
podemos comparar el nivel delictivo
estadounidense con el español, sin embargo yo también he visto el dolor
en los ojos de aquel que decidió abonarse a las drogas dejando atrás una
familia desestructurada y sin esperanzas. Yo también he visto la ambición por
el poder en los ojos del corrupto, también he presenciado agresiones policiales
sin sentido, también he presenciado palizas callejeras por ningún motivo y
también me las he visto con profesores amargados que no creen en el sistema y
pasan su vida esperando a la jubilación. No estamos tan bien, tenemos un
problema de raíz importante que llega a la enseñanza y se ve reflejada en los
barrios bajos, quizás por eso me siento tan identificado con la serie.
The Wire no tiene un final feliz ni tampoco esperanzador, la
serie se despide con tristeza y con suspense sabiendo lo imposible que resulta
acabar con el mundo de las drogas (“A esto no le puedes llamar guerra, las
guerras acaban”), The Wire quiere reflejar esa dualidad de los dos mundos, la
dualidad entre buenos y malos aunque en realidad en la serie no existen ni
buenos ni malos, todos los personajes en The Wire luchan por ir más allá, todos
luchan por ese sueño americano, cada uno utiliza sus métodos para conseguirlo
pero ninguno lo consigue porque se dan de lleno contra el sistema, un sistema
manipulado y desleal, un sistema liderado por des competentes, un sistema
alejado de sus principios.
Jimmy Mcnulty es un policía tocapelotas que sigue creyendo
en el trabajo policial en una ciudad que perdió la esperanza hace tiempo. Jimmy
se enfrenta a todos con tal de llevar el caso adelante. Con esta definición se
podría decir que Jimmy es un héroe, pero no lo es. Se trata de un alcohólico
que nunca superó la separación de su mujer y que intenta aliviar sus penas
todas las noches con una botella y su compañero Bunk. Jimmy es arrogante y ególatra
(“El problema de Jimmy es el propio Jimmy”)
Uno de los mejores personajes de la historia de la televisión
es Omar, Omar es el Robin Hood moderno; roba a traficantes para dárselo a los
pobres y nunca se mete con alguien que no esté metido en el juego (“Un hombre
debe tener un código”), se rige por un código ético que nunca traspasa, es su
dualidad moral lo que le hace tan interesante. Pero no nos engallemos Omar es
un asesino, el piensa que limpia las calles pero realmente está ayudando a
sembrar el pánico en los suburbios.
Dentro de los bajos fondos nos encontramos con una pareja
que reinó durante años en las calles de Baltimore: Avon Barksdale y Stringer
Bell. Avon es de la vieja escuela, de los del respeto y de los de la familia,
si le faltas al respeto te matará, si te metes con su familia te matará. Se ha
criado en la calle y esa es su naturaleza, no ambiciona nada más que ganar
dinero y quedarse en su barrio, Avon aún sigue creyendo en el estilo de la
vieja escuela(“Just a Gansta I supose”).
Ese pensamiento choca con su compañero de fatigas, Stringer Bell: alguien que
quiere dejar atrás las barriadas y ambiciona poder social, todo el respeto lo
consiguió gracias a la droga y al apoyo de Avon. Pero el ya está cansado de
ello y quiere ascender, quiere cambiar el sistema y pagará un precio demasiado
alto por intentarlo (“Ya no tenemos por qué soñar”). La escena de la doble
traición entre estos dos personajes la firmaría el mismísimo Shakespeare.
Por último el personaje más inquietante de la historia de la
televisión para mi gusto: Marlo Stanfield, un chaval salido del barrio que poco
a poco va ascendiendo hasta conseguir que toda Baltimore tiemble ante su
presencia. Es un personaje Maquiavélico, no le importa las consecuencias, mata
a sangre fría y no respeta a nadie ni siquiera a los que confiaron en él. Sus
sicarios, Snoop y Chris, matan por puro placer sabiendo que nadie se atreverá a
decir algo. Marlo se aprovechó de la crisis de los Barksdale para dar un golpe
sobre la mesa. Mientras que los Barksdale representaban los valores de la vieja
escuela, Marlo representa los de la nueva, una nueva escuela que no tiene
respeto por nada. Marlo consiguió su objetivo, riqueza, respeto y temor. Marlo
consiguió su ansiada corona (“My name is my name”)
The Wire es una carta de desamor al sueño americano,
personas que se sienten engañadas por falsas promesas. The Wire nos lleva al
mundo donde los sueños no se cumplen y nos hace pensar que en realidad no somos
tan listos y guapos como pensamos. Toda la serie es una denuncia social muy
bien reflejada y contada con tintes Dickensianos e incluso Shakesperianos.
Nos ha hecho ver lo ególatras que somos, solo pensamos en lo
nuestro y no vemos lo que se nos viene
encima que en realidad no estamos bien y que hay que luchar por lo que creemos.
Debemos tener un código y una motivación por intentar vivir nuestro propio
sueño americano.







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