lunes, 14 de abril de 2014

Como conocí a la señorita X


*No confundir Señorita X con Señora X(esa es otra historia bastante divertida que cuando tenga el valor de escribirla lo publicaré) 

Recuerdo perfectamente la noche que la conocí. Y mira que es difícil porque llevaba una tajada muy propia de mí.  Recuerdo que era una noche muy calurosa y yo ya iba por la quinta Coronita y otras tantas copas de Barceló.

Como de costumbre estaba haciendo el paripé medio bailando medio haciendo el ridículo, seguí moviéndome hasta un grupo de chicas cuando una clavó su mirada y su sonrisa en mi; su mirada era tan profunda que no me quedó otro remedio que observarla y devolverla la sonrisa. No sé de qué coño se rió pero lo hizo de forma inocente y sincera.

Nunca me gustaron las comedias empalagosas, siempre llegan del punto A al punto B sin apenas conflicto y con un golpe de destino nada creíble. Sin embargo aquella noche por primera vez experimenté aquella sensación: como en las comedias de Billy Wilder donde el patoso de Jack Lemmon se encuentra con la chica de sus sueños.

Me quedé pensando en la magnitud de la señorita X sin contarle a nadie mi flechazo, idealicé la figura de aquella chica inocente durante varios meses. Aquellos meses me los pasé jugando a la consola, bebiendo y escribiendo hasta las tantas de la madrugada. Las ojeras se apoderaron de mí y mi atención en los estudios se volvió completamente nula.

Seguí escribiendo historias de prostitutas adictas al crack, de prostitutas asesinadas, de prostitutas que no eran prostitutas…hasta que otra noche volví a ver a la señorita X y mi versión romántica volvió a florecer. Esta vez no dejé escapar la oportunidad y entablamos conversación. Me pareció sumamente simpática, tenemos gustos similares y nuestro sentido del humor es retorcido y manipulador. Las conversaciones se me pasaban volando con la señorita X.

Quedamos un par de veces, siempre con la misma atmósfera agradable y sincera. Sin embargo cuando se trata de una morena me vuelvo igual que un niño pequeño cuando quiere un juguete; ansioso. No puedo estar quieto y siempre quiero avanzar un paso más así que le presenté a mis demonios antes de tiempo.

Todos tenemos demonios, unos los disimulan más que otros pero tarde o temprano todos los sacamos a la luz ante las personas que queremos impresionar o despertar su interés para ver si esa persona seguirá adelante con nosotros a pesar de nuestros defectos. En mi caso fue demasiado pronto y se presentaron uno por uno sin previo aviso: me emborraché hasta el punto de dar pena, no hice nada más que soltar chorradas por una boca que apenas podía mover con normalidad.

Sabía que no podía dejar escapar su sonrisa llena de vida y esperanza así que la pedí perdón. Recientemente ha vuelto a quedar conmigo en un par de ocasiones pero de manera distante. Se nota que anteriormente ha sufrido por gente que no merecía la pena. Pero yo no quiero eso: no quiero verla sufrir, no quiero verla llorar, no quiero que un día se levanté y se haya ido para siempre. Quiero que sea la persona que esté a mi lado cuando mis sueños se cumplan o cuando se desvanezcan.

La Señorita X hace que quiera llegar a ser la mejor persona posible, despierta en mi ambiciones que hace tiempo había enterrado en mis entrañas, despierta en mi las ganas de hacerla feliz todos los días.
Hace mucho tiempo que no me enamoro, no sé si esto lo es pero desde que conocí a la señorita X no concibo una vida al lado de una persona que no sea ella.


No sé si la señorita X es lectora de este blog lleno de fobias y manías. Pero si por un casual lo está leyendo no quiero que lo vanaglorie o desprecie solo quiero que al final de esta historia su sonrisa siga intacta y qué se empiece a valorar como la gran chica que es.

No hay comentarios:

Publicar un comentario