lunes, 28 de abril de 2014

HIMYM: la comedia que se convirtió en drama

*SPOILERS


Con el paso del tiempo las comedias televisivas van perdiendo originalidad, van tirando de los mismos clichés y se apoyan en el personaje que más carisma tenga para explotarle hasta que roce lo ridículo. Cuando eso sucede las comedias empiezan a tener tintes dramáticos para explorar nuevos caminos y dar paso a otras tramas. Sin embargo HIMYM ha ido más allá y en las últimas temporadas se ha convertido en un drama vestido de comedia.

Se suele decir que la comedia se alimenta del drama, tengo una teoría al respecto; cuando una comedia introduce elementos dramáticos, la comedia será mejor cuando más creíbles sean esos momentos dramáticos, y creo que nunca una serie lo ha hecho mejor que Scrubs en este aspecto. HIMYM no le incluyó en este apartado porque simplemente pasó de comedia a drama.


Las tres primeras temporadas de la serie fueron espectaculares: un uso brillante de los flashbacks y los flashfowards, una voz en off emocionante, una introducción de los personajes sumamente hilarante…pero ante todo la figura de Barney Stinson, quizás el personaje cómico más popular de la última década.

En esas tres temporadas vimos a un Ted Mosby chispeante y enamorado, coherentemente, de Robin. Vimos la extensión de la pareja perfecta entre Lilly y Marshall, a pesar de su separación demostraron que era la pareja más tierna de la televisión. Además fuimos testigos directos de los legendarios líos de falda de nuestro querido Barney. Aquel Barney aparte de ser nuestro ídolo mantenía una actitud misteriosa hacia su vida que te hacía intrigarte más por él y, en su defecto, por la serie.

Sin embargo todo lo que sube acaba bajando y la cuarta-quinta temporada de la serie fueron un auténtico desastre: se perdió la chispa y los personajes se convirtieron en caricaturas desmesuradas de sí mismas; Un Ted apenado y desesperado después de ser abandonado en el altar. Una Robin incoherente buscando trabajo y un Barney demasiado alocado y sin chispa.

Quizás se deba a este bajón de calidad cuando Bays y Thomas decidieron tomar nuevos caminos convirtiendo la serie en más drama que comedia.
De la sexta a la octava la serie tuvo más momentos dramáticos que cómicos y aún así fueron tres temporadas que me gustaron. En ese proceso la relación Barney-Robin cobro protagonismo y nos acabó por gustar, así que mucho me temo que debido a ese cariño el final de la serie no gustó a la mayoría.

Seamos sinceros, la novena temporada ha sido horrible, incluso rozando el vomito. Se ha querido recuperar los tintes cómicos originales con un acierto nulo. La narración de una temporada entera en solo tres días no se aguantaba por ningún lado y la mayoría ha sonado forzado (el personaje de Marshall ha rozado el ridículo). Solo 5 episodios se salvan de esta temporada y todos ellos por su carácter dramático, no cómico.

Los tres últimos episodios de la serie me han parecido preciosos exceptuando los últimos 2 minutos finales; me parecieron una estafa como si toda la serie hubiese sido una mentira, nueve temporadas destruidas en tan solo 2 minutos.
En primer lugar no me gustó que el matrimonio de Barney y Robin acabara tan rápido y de esa manera tan distante. Sin embargo me encantó el giro que Barney sufre cuando coge en brazos por primera vez a su hijo (desconocemos quién es la madre), ya era hora de que Barney asentara la cabeza.

Por otra parte no me gustó nada que Bays y Thomas se cargaran a su propia criatura, se cargaran a la mujer de Ted, él merecía ser feliz con Tracy hasta el final y no acabar desesperadamente con Robin años después.

Perdonadme pero es aquí donde me voy a poner ñoño: todos tenemos una Robin en nuestra vida. Robin representa ese amor de juventud que siempre estará en nuestro corazón pero en el fondo sabemos que no se trata del amor de nuestra vida. Robin es un amor platónico, no es un amor real. Robin es un amor idealizado, no se corresponde con la realidad porque en el fondo es un amor que nos hace sufrir más de la cuenta. Por ese motivo discrepó con el final de la serie.

El final perfecto hubiese sido cuando acaban Ted y Tracy conversando en la estación. Además de ser un final precioso, concordaría con el título de la serie.
Tracy es el amor de nuestras vidas, es ese amor que te hace ser mejor persona y creer que puedes volar. El amor entre Ted y Tracy es un amor puro y honesto, se trata de un amor real.

A pesar de su agridulce final y de sus constantes subidas y bajadas, HIMYM ocupará un pequeño trozo de mi corazón seriéfilo. Sonará obvio pero lo que busco en una comedia es que me haga reír y lo que busco de un drama es que me haga pensar, y ambas condiciones ha cumplido HIMYM.

HIMYM, por un momento, pudo entrar en el Olimpo de las series pero su descenso de calidad la reveló a un segundo plano. Aún así va a ser una serie recordada durante muchos años.


HIMYM me ha hecho creer en el destino, me ha hecho creer que no ocurre nada bueno después de las 2 de la madrugada, me ha hecho creer en “el efecto animadora”, me ha hecho creer en los cucarratones, me ha hecho creer en la amistad pero sobre todo me ha hecho creer que mi futura señora Mosby está ahí fuera esperándome en una intensa lluvia tapándose con un paraguas amarillo.


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