“Es difícil alcanzar la madurez, no todos la consiguen,
tampoco es una cuestión de edad pero a pesar de tú juventud ya lo has logrado.
Te acompañará siempre y con ella lograrás todo lo que te propongas” esta frase
que parece sacada de una película de Rocky no me la he inventado, ni siquiera
la he sacado de una película, me lo dijo un profesor cuando tenía 12 años:
Parece totalmente exagerado pero por aquella época no lo era
tanto; sacaba las mejores notas, era un atleta nato, tenía una fuerte
personalidad y siempre me preocupaba de mis amigos. Desde hace 3 años (momento
en el que cambie por completo) esa frase no deja de taladrarme la cabeza día
tras día, y le echo todas las culpas al profesor-¿Cómo le pudiste decir eso a
un niño de 12 años?, ¿cómo te atreviste a darle falsas esperanzas?, no existe
día en que no me lo pregunte.
Comparo mis sueños y actitudes con mi yo presente con el yo
pasado y no hay color; antes tenía ambición, tenía valor, tenía buen corazón…
es decir, perdí mi esencia y cuando una persona pierde su esencia no para de
dar tumbos, no para de sentirse perdido.
Siempre soñé con dedicarme al mundo del entretenimiento,
siempre soñé con contar historias, escribir la novela de la década o dirigir la
película que trastocara las emociones, quise ser la voz de una generación.
Quise rodearme de oro y embriagarme de mujeres preciosas.
Me miro ahora y pienso lo imbécil que era antes, cómo
pensaba que podría llegar tan lejos, cómo es posible que tuviera todas esas
ilusiones. Por aquel entonces no me parecía una idea utópica pero desde aquel
día mi visión del mundo cambió para que aquella persona que solía ser no
volviera jamás: Desde aquel día no voy al barrio a pasar el rato con mis
amigos, voy al barrio a drogarme por las noches. Desde aquel día no corro por
gusto, corro para que no me pillen los de azul. Desde aquel día no estudio para
ser alguien importante, estudio para no tener que ponerme a currar. Desde aquel
día no te cojo de la mano y te digo cosas bonitas, desde aquel día ahogo mis
penas en la tasca mientras te llamo zorra. Desde aquel día no ahorro dinero, me
lo gasto en vicios. Desde aquel día mi madre no me mira ilusionada, me mira
decepcionada y acongojada. Desde aquel día no soy feliz, soy desdichado.
Sin embargo pienso que no soy el único al que le ha pasado,
todo mi entorno se ha dado de cruces con la cruda realidad, esa realidad de la
que no podemos escapar; me acuerdo de aquella chica con su melena rubia y su
sonrisa resplandeciente, ahora se pasa día enteros con el rímel esparcido producto
de sus llantos. Me acuerdo de mi amigo que pudo ser futbolista y ahora se pasa
noches jugando al futbolín y fumando maría. Me acuerdo de aquel chico de mi
clase que quería ser arquitecto, ahora construye casas en los Sims, y me
acuerdo de mi amiga que quiso ser psicóloga pero es ella quien se pasa todo el
día en el loquero.
Es curioso, ellos también un día dejaron de soñar y empezaron
a darse cuenta de sus defectos y a desarrollar sus vicios, perdieron su
esencia. Nuestra sociedad de corruptos les impidió avanzar, sus miedos les
echaron para atrás, la baja autoestima les impidió volar.
El día que dejamos de soñar no solo nos cambia la perspectiva
desde un punto de vista profesional, también nos cambia toda nuestra forma de
ser, incluso en temas amorosos:
Yo siempre he sido muy enamoradizo y confieso que las
mujeres son posiblemente mi mayor debilidad. Me acuerdo que una vez me declaré
a una chica tal que así:
“Antes de conocerte, solo quería ser una persona normal y
corriente, recibir un sueldo normal, casarme con una chica ni fea ni guapa y
tener un hijo. Entonces jugar con él al baloncesto y ver los partidos de fútbol
en casa con mis amigos mientras tomamos unas cervezas, pasarme los días
aburridos y no tener preocupaciones, después moriría joven antes que mi mujer.
Ese es el tipo de vida que quería antes de conocerte…ahora me he complicado
mucho más, quiero una vida mucho más complicada a tu lado, quiero que tú seas
mi complicación”
De esta forma tan ñoña me declaré, obviamente ella me rechazó. Todo lo que la escribí era
mentira, yo no deseaba aquella vida solo lo hice porque quedaba bien. Pero
ahora lo vuelvo a leer y pienso que ojala yo tuviera esa vida… lo que quiero
decir es que el día que dejas de soñar tus ambiciones disminuyen, ves de frente
la realidad y te acojonas. También el día que dejas de soñar sientes miedo del qué
dirán y no te atreves a nada, ni a contestar en clase por miedo a fallar, ni a
preguntar por cosas que te interesan por miedo a la ignorancia, ni a abrir tus
sentimientos por miedo al rechazo...te vuelves frío.
El miedo es el principal motivo por el que dejamos de soñar
y desde ese día el miedo es tu compañero de fatigas; tengo miedo de dar un paso
adelante y ver que no todo es como me imaginaba, me debato entre hacer lo
correcto o ser capaz de cometer mis propios errores, entre fingir ser una
persona feliz o intentar seguir mi propio camino.
Hay una parte de mi que quiere seguir siendo mediocre,
quiere seguir teniendo está vida de borracheras y apalancadas. Esa parte de mi
quiere acomodarse, sin embargo la otra parte quiere volar, quiere atreverse a
salir del nido y piensa que a lo mejor no soy tan mediocre, que a lo mejor algo
de talento corre por mis adentros.
Mis sueños se han ido, no volverán y ni mucho menos se cumplirán.
Pero sé que si lo acepto definitivamente y miro a los ojos a la realidad, empezaré
a trabajar, empezaré a luchar, empezaré a tener mi propia voz y ese será el día
que seré feliz.
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