domingo, 22 de diciembre de 2013

LA PUTA DE MI VECINA

La puta de mi vecina

Mi vecina de enfrente nunca se caracterizo por ser una chica silenciosa ni poco llamativa sino más bien todo lo contrario: un físico espectacular con un pecho excesivo, un culo dominante y unas curvas prodigiosas. Su personalidad iba acorde a su llamativo cuerpo; una visión alocada de la vida, más de mil hombres vi entrar en su piso, más de mil botellas vacías se acumulaban en su humilde hogar.

Siempre efusiva al hablar, encantadora en sus palabras y una mirada intrigante que daban ganas de devorarla. No es el tipo de chica de la que te enamoras, es el tipo de chica que despierta en los hombres un apetito sexual insaciable, pero nada más.
Como yo, pensaban igual los mil hombres con los se acostó, y alguna que otra mujer también se dejó caer en su cama

Su padre siempre la tuvo en palmitas, quiso hacer de ella una chica remilgada y cultural algo que nunca consiguió. En una cena navideña, con toda la familia en la mesa y unas cuantas copas encima, confesó toda sus aventuras y todos sus vicios; participó en orgías, bukakes, actos lésbicos, practicó besos negros, gargantas profundas…e incluso confesó que le gustaba que los hombres se colocaran hasta las trancas de coca en su cuerpo desnudo. Aquella excesiva sinceridad provocó en el padre la mayor de las decepciones y jamás volvió a llamarla.

Una chica que empezó a chupar pollas a los 13 años algún defecto debería tener, y sí lo tenía, su constante menosprecio a sí misma y su obsesiva dependencia: necesitaba el abrazo constante de un hombre, necesitaba que la piropearan. Le gustaba que la dieran falsas esperanzas, le gustaba que la dijeran falsos te quieros con tal de follarsela.

Tenía obsesión por el estereotipo macarra, pensaba que era un tipo de chico seguro y que con ellos nunca tendría ningún problema pero se equivocó: uno de ellos se obsesionó con ella, una noche fue a visitarla por sorpresa y la pilló en la cama con otro tío. El macarra sacó su navaja y le destrozó la cara al otro, y aprovechó para violar a nuestra protagonista y darla un par de puñetazos en su precioso cuerpo.
Aquel día mi vecina empezó a valorarse y no miró atrás. 

Ahora solo se la chupa a su marido, un empresario que trabaja duro para comprarle todo los caprichos que ella quiere. Cuida de sus 2 hijos y ha retomado sus estudios de enfermería. Mi ex vecina no ha vuelto nunca más a pisar el barrio.
A mí me volvía loco; yo era quien le animaba cuando lloraba alicaída por otros hombres, yo era quien la cuidaba en sus resacas y vomitonas. Sin embargo a mí nunca me la chupó ni quiso nada conmigo. Visto desde este punto puedo parecer un pringado pagafantas pero quiero pensar que yo era el único hombre que realmente la respetaba.


*No es una historia machista. Siempre he mantenido un profundo respeto hacia las mujeres. He escrito esta historia porque me gusta analizar sus encantadores defectos y sus grandiosas virtudes. Si no hubiese una mujer en nuestra vida no habría motivos para levantarse todos los días.

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